As you enter Mary Queen, two figures quietly watch over our church from either side: Mary and Joseph. Our wooden statues are elevated in niches along the sides of the church, each with a stand of devotional candles before it. Mary’s candles tend to be a little more popular, but Joseph certainly holds his own!
The placement of Mary and Joseph in Catholic churches has a long history, although the familiar pairing is not as ancient as we might imagine. Images of Mary appeared very early in Christian churches, particularly Mary holding the Christ Child. Devotion to St. Joseph developed more gradually and became especially prominent in the later Middle Ages and following centuries.
An important part of this history was the development of side altars. Medieval and later churches often contained several altars in addition to the principal altar. These could be dedicated to Mary, Joseph, the patron saint of the church, or other saints. By the nineteenth century, devotion to both Mary and Joseph had become particularly strong. In 1870, Pope Pius IX declared St. Joseph Patron of the Universal Church, and Mary and Joseph increasingly became a familiar pair on either side of the sanctuary.
Many older Catholic churches therefore had a Marian side altar on one side and a St. Joseph altar on the other. As church architecture changed, particularly in the twentieth century, the additional altars often disappeared while the statues remained. The familiar Mary-and-Joseph arrangement found in many churches today is, in part, a reminder of this older tradition.
At Mary Queen, our statues are not simply decorations. Like all sacred images, they direct our attention beyond themselves and remind us of members of the Church who have gone before us in faith. The candles burning before Mary and Joseph are another ancient Christian symbol: our prayer continues before God even after we have walked away.
You are welcome to light one of these candles when you come to church. A $3 donation is suggested to help replenish the candles. Whether we stop before Mary, our parish patroness, or St. Joseph, her faithful husband and the patron of the Universal Church, these familiar figures remind us of the Holy Family—and invite us to follow their example of faithfulness to Christ.
Mobiliario litúrgico: Estatuas
Al entrar a Mary Queen, dos figuras nos acompañan silenciosamente desde ambos lados de nuestra iglesia: María y José. Nuestras estatuas de madera están colocadas en nichos elevados a los lados de la iglesia, cada una con un lugar para velas devocionales. Las velas de María suelen ser un poco más populares, ¡pero las de José también tienen muchos devotos!
La presencia de María y José en las iglesias católicas tiene una larga historia, aunque verlos juntos de esta manera no es tan antiguo como podríamos imaginar. Las imágenes de María aparecieron desde muy temprano en las iglesias cristianas, especialmente representándola con el Niño Jesús. La devoción a San José se desarrolló más gradualmente y llegó a tener especial importancia desde finales de la Edad Media y en los siglos posteriores.
Una parte importante de esta historia fue el desarrollo de los altares laterales. Las iglesias medievales y posteriores frecuentemente tenían varios altares además del altar principal. Estos podían estar dedicados a María, José, al santo patrono de la iglesia o a otros santos. Para el siglo XIX, la devoción tanto a María como a José había crecido considerablemente. En 1870, el papa Pío IX declaró a San José Patrono de la Iglesia Universal, y se hizo cada vez más común encontrar a María y José a ambos lados del santuario.
Por eso, muchas iglesias católicas antiguas tenían un altar lateral dedicado a María y otro a San José. A medida que cambió la arquitectura de las iglesias, especialmente durante el siglo XX, muchos de estos altares adicionales desaparecieron, mientras que las estatuas permanecieron. La conocida disposición de María y José que encontramos hoy en muchas iglesias conserva, en parte, esta antigua tradición.
En Mary Queen, nuestras estatuas no son simplemente decoraciones. Como todas las imágenes sagradas, dirigen nuestra atención más allá de sí mismas y nos recuerdan a quienes nos han precedido en la fe. Las velas encendidas ante María y José son también un antiguo símbolo cristiano: nuestra oración continúa ante Dios incluso después de que nos hemos marchado.
Todos están invitados a encender una de estas velas cuando vengan a la iglesia. Se sugiere una donación de $3 para ayudar a reponer las velas. Ya sea que nos detengamos ante María, patrona de nuestra parroquia, o ante San José, su fiel esposo y Patrono de la Iglesia Universal, estas figuras tan familiares nos recuerdan a la Sagrada Familia y nos invitan a seguir su ejemplo de fidelidad a Cristo.