Clergy are obligated to pray two of the Liturgy of the Hours daily. One of these is Evening Prayer, historically known as Vespers. It begins with a simple but striking dialogue:
O God, come to our aid.
O Lord, make haste to help us.
This is typically followed by the invitatory psalm and a hymn. Next come two psalms with antiphons specific to the day, followed by a canticle. When prayed in a group, it’s common for participants to alternate the verses—either side to side or between a leader and the assembly. There's no strict rule on the format, which offers some flexibility—perfect for small groups, families, or anyone who’s accidentally started reading the wrong verse and hoped no one noticed.
Each psalm concludes with the Gloria Patri (“Glory be to the Father…”), which serves to connect the Old Testament texts with the fullness of our New Testament, Trinitarian faith. This differs from the Responsorial Psalm at Mass, where a cantor typically sings the antiphon, and the congregation joins with the antiphon after each verse.
A key distinction between Morning Prayer (Lauds) and Evening Prayer is the Gospel Canticle. Morning Prayer includes the Benedictus (Zechariah’s song), while Evening Prayer features the Magnificat—Mary’s powerful response to Elizabeth’s greeting. Our own parish mission statement, “Proclaim the greatness of the Lord,” echoes Mary’s words and spirit.
Vespers concludes similarly to Lauds: with Intercessions, the Our Father, and a closing prayer.
Next week, we’ll dive into a lesser-known Hour: the Office of Readings. Until then, if you’d like to begin praying the Liturgy of the Hours yourself, a great place to start is www.divineoffice.org.
RINCÓN DE LITURGIA
El Oficio Divino + Visparas
Los sacerdotes están obligados a rezar dos de las Horas Litúrgicas cada día. Una de ellas es la Oración de la Tarde, conocida históricamente como Vísperas. Comienza con un diálogo sencillo pero profundo:
Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme.
Normalmente sigue el salmo invitatorio y luego un himno. Después vienen dos salmos con antífonas propias del día, seguidos de un cántico. Cuando se reza en grupo, es común alternar los versos: un lado del grupo responde al otro, o bien un guía reza una parte y la asamblea responde. No hay una regla estricta sobre el formato, lo cual da cierta flexibilidad—ideal para pequeños grupos, familias, o incluso para quien empieza a leer el verso equivocado y espera que nadie se haya dado cuenta.
Cada salmo termina con el Gloria al Padre, lo cual ayuda a conectar los textos del Antiguo Testamento con la plenitud de nuestra fe trinitaria del Nuevo Testamento. Esto se diferencia del Salmo Responsorial en la Misa, donde un cantor suele entonar la antífona y la asamblea la repite después de cada verso.
Una diferencia clave entre la Oración de la Mañana (Laudes) y las Vísperas es el Cántico Evangélico. Laudes incluye el Benedictus (el canto de Zacarías), mientras que Vísperas presenta el Magnificat—la poderosa respuesta de María al saludo de su prima Isabel. El lema de nuestra parroquia, “Proclamar la grandeza del Señor,” refleja perfectamente las palabras y el espíritu de María.
Las Vísperas concluyen de forma similar a Laudes: con las intercesiones, el Padre Nuestro y una oración final.
La próxima semana exploraremos una Hora menos conocida: el Oficio de Lecturas. Mientras tanto, si deseas comenzar a rezar la Liturgia de las Horas por tu cuenta, un excelente recurso es www.oficiodivino.com